miércoles, 3 de octubre de 2012

Deslumbrado por la prisa de la risa

Frente a la mañana, me trae un paquete de rosas azules para que las use.
De pie ante los autobuses que pasan y andan,
olvidé las aceras soleadas y los maratonianos smokins de aquí para allá.
Aprendo recetas de juicios extraños, para salir de la duda de estar perdido en una farmacia,
repaso las claves de la ciudad de hoy;
y me acuesto en ríos que huelen muy bien.
Motivos de risas de un mundo que ignora a la otra mitad del día,
lo que se refleja en las aguas y todo lo demás.

martes, 2 de octubre de 2012

La epigenética evolutiva de la vida

La teoría de la selección natural de Darwin pronosticaba que la transmisión de los caracteres que poseían los parentales no era más que fruto de un proceso azaroso (o no) a través del cual aquellos más aptos (o que eran capaces de reproducirse, a fin de cuentas) perpetuaban su información fenotípica. La teoría sintética, allá por los 60, incluyó los nuevos conocimientos acerca de la transmisión genética de los caracteres, rasgos cuantitativos y demás nuevos conocimientos contemporáneos. Desde hace una década, una nueva corriente evolutiva se vislumbra en el horizonte: la epigenética. Ésta marca que la herencia de algunos caracteres no se deben a la transmisión concreta de los nucleótidos que componen los genes implicados sino a las modificaciones que estos sufren como consecuencia de los eventos que les ocurren a los organismos en la vida. Es decir, no sólo se selecciona al individuo apto, sino que además se le deforma en función a los eventos que ha experimentado a lo largo de la vida. A priori es una capacidad plástica, si se hereda el cambio es evolución. Esto, hace unos años, sería lo que se venía llamando Lamarckismo. 

Yo creo que la vida es mucho de experiencia aprendida, sí...pero también en una buena parte nos chocamos de frente con Sir C. Darwin. Da igual cuanto aprendamos, da igual cuantos conocimientos, cuantas desgracias, cuantas caídas...que siempre podemos volver a errar. No es fácil hacer caso a la experiencia (que a grosso modo sería la epigenética) y obviar el instinto (Darwin). Y así veo las cosas, ¿qué más da que nos prometamos montañas si terminaremos en el mismo valle?


Noticias de hoy







En diez peldaños bajamos al subsuelo y en un suspiro nuestro pecho tocando nebulosas.
En diez mitades se dividió la ciudad y fue entonces cuando decidí vivir en cualquier paredón.
Y fumando y fumando nos intoxica la costumbre, la sed y la constancia;
y cantando y tocando los minutos consiguen ser estaciones; y el resto de tus cosas.
Los ríos que se remontan para encontrar remanso.
Para poder escribir no hace falta contar hasta diez;
aunque ya no se valore el verso libre,
aunque ya no recordemos a la pluma dispersa.